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Sororas, unidas y en la calle.



Esta memoria se construyó así:


Desde el momento en que la marcha del 8 de marzo se comunicó sabía que tenía que formar parte de este momento tan importante. En más de una ocasión mi corazón ha sentido dolor por cada una de las mujeres que no llegan a su casa. Conforme la fecha se acercaba y el movimiento tomaba más fuerza, escuchaba cada vez a más mujeres a mi alrededor que se preguntaban si deberían unirse ellas también.


Entre ellas se encontraban mis clientas. Un día recibí una llamada: “Dany, estamos revisando lo que sucederá el domingo 8 y lunes 9 de marzo. ¿Nos podrías avisar si vas a ir a la marcha?”. Fue ahí donde entendí que la sororidad realmente había superado todo tipo de expectativas. Las mujeres con las que trabajo comparten una realidad conmigo que es importante honrar. Dudé acerca de la respuesta.


Cada mes, por 5 horas, demostramos lo que una verdadera calle debería de ser. Un espacio donde puedes tomar la mano de tu pareja sin importar quién sea, vestirte como quieres sin tener que preocuparte por atención no deseada. Una vez al mes, la calle es un espacio donde no tienes que preocuparte al caer la noche. En marzo, ese día coincidía con la fecha de la marcha. Dudaba acerca de lo que quería hacer al respecto, pues entendía la importancia de estar presente, pero también sabía que podíamos luchar desde acá.

Pensaba en la manera de resaltar lo que tienen en común ambos encuentros: crean un espacio seguro para todas las personas. Si yo fuera a la marcha ¿cómo me sentiría apoyada? Entendí que lo único que se requiere es ponernos en el lugar del otro. Nos decidimos por continuar con Callejero, usando nuestros recursos para facilitar el trayecto de nuestras compañeras. Apoyar a una mujer era suficiente para lograr nuestro objetivo.


El 8 de marzo la calle se activó más temprano de la usual con nuestra primera actividad fuera del horario. Facilitamos bloqueadores y agua, cortamos telas para pañuelos y nos aseguramos de tener muchas cartulinas y plumones. Al final del día habíamos logrado acompañar a más de 200 mujeres. Fue increíble verlas conocerse, aplaudirse, bailar y cantar juntas e intercambiar teléfonos luego de hacerse amigas. Después de más de 300 pañuelos entregados, 4 estaciones para realizar tu pancarta y al menos 3 bloqueadores vacíos, nuestro pequeño toldo podía considerarse un éxito. Al pasar las 7:00 PM sonreímos, porque en esta ocasión nuestras compañeras regresaron, sanas y salvas.


En México la violencia de género se vive todos los días. En el 2019, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) emitió una alerta directa a nuestro país, señalando que los esfuerzos actuales para proteger a nuestras mujeres y niñas son deficientes ante la alarmante situación. Sin embargo, mientras que las medidas de protección permanecen iguales, las mujeres no. Cada vez estamos más unidas y nos sentimos más fuertes gracias a que sabemos que estamos acompañadas. Nuestra experiencia ese domingo nos recordó también que cada una de nosotras apoya desde su trinchera, y lo que aporta es siempre valioso.


El 8 de marzo no estuve en el centro de la ciudad, pero si marché cerca de 14 mil pasos en Callejero. En cada uno pensaba en mi mamá, mi abuela y mis hermanas, en mis amigas y colegas y en todas las mujeres del mundo. Es gracias a ellas que encuentro la fuerza para seguir resistiendo, sabiendo que un mundo para todas las personas está a nuestro alcance.


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