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Mi Oficina Al Aire Libre

Esta memoria se construyó así:


Como Coordinador de Obra, a mí me pueden encontrar casi siempre afuera. Ya sea supervisando, corrigiendo, y coordinando a los diferentes contratistas y trabajadores o moviéndome de un lugar a otro, mi trabajo es en la intemperie de la construcción. En promedio puedo llegar a caminar alrededor de seis kilómetros al día, en lo que voy y vengo de cada obra. Cuando estoy en el campo me encuentro con muchas sorpresas, detalles que hacen de cada día una nueva historia. En esta memoria quiero contarles un poco de lo que es mi día a día, y de los retos particulares de estas obras que se encuentran en espacios públicos y compartidos al público.


Bajo nuestra gerencia, el proceso de una obra siempre sigue un plan que detallamos en equipo, por lo que desde un inicio planteamos un camino y una serie de tareas a realizar cada día. Sin embargo, hemos aprendido que la ciudad y la madre naturaleza son variables que no siempre pueden ser domadas, ni predichas. A veces se trata de una tormenta, otras veces es el calor de Monterrey o algún descubrimiento subterráneo al excavar, y para acabar nunca falta el pato o la ardilla que elige pasear por el cemento recién colado. Es por ello, que mi trabajo esencialmente es responder a estos retos cotidianos, contener cada una de las variables en obra y así lograr alcanzar las metas que nos proponemos en el plan inicial.


En un día cualquiera, llego temprano a la obra para revisar la variable más volátil de todos los días: las condiciones climatológicas. Es importante poner atención a los pronósticos del día, y también es importante llegar a sitio a confirmarlos, porque hay elementos del proceso constructivo que son sensibles a las temperaturas, la humedad, los vientos, entre otros. Por ejemplo, si hace mucho calor se puede alterar la consistencia de un colado de concreto, y lo mismo pasa si hace mucho frío, por lo que estamos en constante alerta de cualquier cambio en el termómetro.





Pocos minutos después empieza a despertar la ciudad, y empiezo a ver la llegada de tráfico en la zona: vehicular, peatonal, e incluso ciclista. Esto agrega otro nivel de complejidad, ya que nuestras obras se encuentran principalmente en el espacio público o colindante a el. Por esta razón aprovecho estos momentos para revisar que las vallas, banquetas temporales y vías de circulación alternativas estén funcionando y brinden seguridad a cada uno de los transeúntes.


Ya entrados en el día me pueden encontrar supervisando algún trabajo en obra, como un colado, o alguna excavación. Recuerdo una vez que realizamos una excavación y nos encontramos con un montón de tierra teñida de verde, por lo que detuvimos el proceso inmediatamente. Este es el tipo de cosas que nos cambia el rumbo del día, pues por experiencia sabemos que la tierra verde indica un riesgo de fuga de gas. Verán que cuidar la seguridad de los peatones no es mi única función, porque también estoy al pendiente de la seguridad de los trabajadores que hacen que estas obras sean posibles.


Cuando llega la hora de la comida es cuando empiezan a bajar las ardillas de los árboles para querer compartir nuestro lonche y un poco de agua. Esto ya lo sabemos bien, y es parte de convivir con la naturaleza en la obra. Recuerdo una vez, en el tramo de Junco de la Vega entre Luis Elizondo y García Roel, descubrí a una venada caminando hacia la obra. De inmediato me paré y corrí hacia ella, para prevenir que se acercara al cemento recién colado. En ese momento se acercaron varios guardias del campus y empezamos a rodear a la venada para que solita regresara a los jardines del Tec. Otras veces no hemos sido tan exitosos. En otra ocasión, al colar concreto, nos sorprendió un pato que decidió aterrizar en el colado fresco.¡Ni que hacerle! Lo tratamos de espantar pero se puso a caminar por ahí, dejando sus patitas marcadas en la bahía vehicular del Auditorio Luis Elizondo. Por supuesto lo corregimos y hoy no queda rastro de sus patitas.


A veces hay factores humanos que tenemos que navegar para cumplir nuestro plan. Por ejemplo, hay algunos trabajos que hacemos que tienen un carácter muy artesanal, como es la colocación de adoquín, y solamente algunas personas de talento excepcional pueden lograr acabados de la calidad que buscamos. Si en alguna ocasión alguien de ese equipo llegara a faltar, es mi responsabilidad supervisar la continuidad de los detalles y garantizar que los trazos, despieces, y colocaciones del adoquín cumplan con la geometría necesaria para que la banqueta quede perfectamente alineada.


Como pueden ver, hay cada situación a la que hay que responder en la obra para alcanzar los criterios de tiempo, costo, y calidad que nos proponemos como meta. Estas situaciones no suelen ser muy visibles, pero son el pan de cada día en el proceso de construcción, y su manejo adecuado es elemental para el éxito de una obra. Espero que este pequeño retrato de momentos cotidianos en la obra les haya dejado un poco de más conocimiento personal sobre cómo es un día en nuestros proyectos de construcción, y que puedan apreciar las obras que hacemos tanto como lo hago yo.






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