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Pajaritos a volar


Esta memoria se construyó así:


La responsabilidad es uno de esos valores que nos recalcan todo el tiempo. Desde que somos pequeños, nuestros padres, maestros y figuras de autoridad nos enseñan que es importante que seamos capaces de rendir cuentas de nuestras decisiones y acciones. Sin embargo, hay un ámbito de la responsabilidad que nos hace mucha falta reforzar: la corresponsabilidad.


El clima de Monterrey da mucho de qué hablar por su volatilidad, pero si hay algo que podemos esperar con toda certeza es la canícula de julio. El verano antepasado, los pájaros de nuestra colonia fueron víctimas de las altas temperaturas. Nos enteramos porque recibimos reportes de que visitantes del parque se toparon con ejemplares que no pudieron soportar el calor. Los días calurosos siguieron pasando, pero un día algo estaba distinto. En el parque había botes para agua que los pájaros podían usar como bebedero. Esto fue gracias a que Aida, una vecina, se dio cuenta de que el problema era muy fácil de solucionar encontró una solución: podríamos evitar que siguiera ocurriendo al mantener fuentes de agua disponibles para ellos.


El reto principal para lograr una solución permanente era que el parque, al ser un espacio público, no tiene en realidad un responsable directo de lo que sucede. Eso significa que no había quién pudiera asegurar que los contenedores permanecieran con agua. Sin embargo, un grupo de vecinos y vecinas se unieron rápidamente a la iniciativa. En poco tiempo, los vecinos cercanos al parque habían creado su propio sistema para rellenar los contenedores. Dos vecinas accedieron a prestar su toma de agua, algunos llevaron botes extra, y todos los demás, se encargaron de asegurar que siempre estuvieran hasta el tope de agua. No hace falta decir que, a partir de ese momento, no hubo más reportes de pájaros muertos.


Ninguna de las personas involucradas en esta historia realizó un esfuerzo inhumano para cumplir con su papel. La suma de acciones simples las que dieron solución a este problema en común. Aprendimos que no hace falta que una sola persona se haga cargo de todos los elementos necesarios para solucionar una situación. En cambio, al entendernos como parte de una comunidad activa y presente, podemos tomar las tareas que nos parezcan adecuadas dependiendo de la situación de cada uno.


Todos los días somos bombardeados con mensajes que nos indican que lo mejor es pensar en individual. Nos hemos vuelto desconfiados y prejuiciosos, y eso nos hace preferir trabajar en solitario. Pero esta visión incluso representa un obstáculo para que las cosas sucedan: hay tareas que para una sola persona pueden resultar abrumadoras. La magia de la corresponsabilidad es que nos hace ver las posibilidades que surgen cuando trabajamos en equipo.


Los vecinos nos han enseñado, a través del ejemplo, que la corresponsabilidad es fundamental para efectuar el cambio. Sus acciones nos inspiran a confiar los unos en los otros, recordando que eso nos hará alcanzar nuestras metas. Si aún no te has atrevido a imaginar qué puedes hacer con la ayuda de los demás, te invitamos a que lo hagas y te dejes sorprender por el poder de las personas.


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